Con el frío que hace, todos buscamos soluciones para combatirlo. La solución lógica que solemos encontrar es aumentar la calefacción para reducir el frío; esta estrategia funciona, pero lleva consigo un incremento del gasto que, junto con la cuesta de enero y las subidas de electricidad, elevan demasiado la factura. La opción que pasa desapercibida es la de aislar las ventanas del frío de manera correcta, y no nos referimos a cambiarlo todo, sino a tener conciencia de lo que se hace.
En este blog hemos hablado de aislamientos térmicos, estufas y paneles 3D. Pero hasta ahora no habíamos hablado de las ventanas, fuentes de pérdidas de calor que casi nunca se tienen en cuenta.
En esta entrada no hablaremos de cambiar ventanas, ya que en pleno invierno no tiene sentido. Hablaremos de errores y fallos comunes que se obvian y por los cuales entra el frío al hogar. Y es que la realidad es que, a menudo, el problema de las ventanas no es el cristal ni el perfil, sino el mantenimiento. En este artículo te enseñaremos tres puntos críticos que puedes reparar tú mismo. De esta manera, ahorrarás en la reparación y en el gasto de calefacción.
Las juntas y el sellado: El perímetro olvidado

A veces nos obsesionamos con el grosor del cristal, pero ignoramos el perímetro de la ventana. Con el paso del tiempo, la silicona que une el marco de la ventana con la pared se contrae o agrieta, creando microfisuras en la junta. Estas fisuras son un punto crítico.
Los expertos en eficiencia energética aseguran que una fisura de apenas 2 milímetros a lo largo del marco puede provocar una pérdida de calor equivalente a dejar la ventana entreabierta todo el día. Es por esas micro-ranuras por donde se escapa el aire caliente (que tiende a subir y buscar salidas) y entra aire frío de la calle, creando esas corrientes molestas. Detectar y cerrar estas vías es el primer paso para aislar las ventanas del frío de forma efectiva.
Para saber si este es tu problema, solo necesitarás un mechero o la llama de una vela. El procedimiento es sencillo: pasas la llama por la junta y, si esta baila, ahí tienes el problema.
La solución es más sencilla aún: solo necesitas aplicar silicona nueva para juntas de ventana. En Hergadi encontrarás la mejor silicona para sellar y no pasar frío.
La presión de las ventanas y los burletes

Una vez sellado el marco a la pared, toca mirar la propia hoja de la ventana. Aquí tenemos dos aliados que suelen estar descuidados:
A) Burletes desgastados: Las tiras de goma o espuma que hay en el marco (burletes) no son eternas. Si las tocas y están duras o aplastadas, no están haciendo su trabajo. La solución es tan sencilla como comprar unos nuevos y cambiarlos. Una vez cambiados, se restablecerá la barrera física que ejercían cuando eran nuevos; de esta forma, el aire ya no entra en la casa.
B) Presión de cierre: Puede que tus burletes estén bien, pero que a la ventana le falte «fuerza». Para comprobar esto solo necesitarás un trozo de papel. Colocas el folio en la ventana y la cierras; entonces tiras del papel. Si sale sin resistencia, tienes un problema de presión.
La solución es muy simple: muchas ventanas tienen unos bulones metálicos en el canto que son regulables. Con una simple llave Allen, puedes girarlos para que, al cerrar la manilla, la hoja se pegue con más fuerza al marco. Al «apretar» la ventana, obligas al burlete a comprimirse al máximo, sellando herméticamente cualquier rendija.
El gran olvidado: El cajón de la persiana

A veces se nos olvida este punto, y es que no deja de ser una tapa de plástico fina que nos separa de la calle. El cajón, en muchas ocasiones, anula el hecho de tener una ventana de última generación. El cajón de la persiana es, en la mayoría de las ocasiones, el mayor puente térmico. Es básicamente un agujero en la fachada por donde se cuela el ruido y el frío.
Afortunadamente, la solución es sencilla, barata y efectiva. Solo necesitaremos un poco de material aislante. Las opciones son varias y dependerán del hueco disponible:
Paneles de poliestireno flexible: Este es técnicamente el mejor; tiene un equilibrio perfecto entre aislamiento y facilidad. Son planchas de corcho blanco que vienen con unas ranuras o cortes cada pocos centímetros. Es la opción más cómoda, ya que puede curvarse para adaptarse al hueco de la persiana.
Aislante reflexivo multicapa: Son esos rollos que parecen papel de aluminio con burbujas dentro. Es muy fino e ideal para cajones pequeños donde hay poco espacio; además, es fácil de cortar con tijeras y pegar con cinta de doble cara.
Lana de roca: Si además del frío te molesta el ruido, esta es tu opción. Es el material que más aísla (acústica y térmicamente), pero es algo más incómodo de manipular para insertar en un lugar estrecho.
Para instalarlo, solo tendrás que retirar la tapa, limpiar el polvo del interior y pegar el material haciendo una curva por dentro, asegurándote de que no roce con la persiana al subir y bajar. Una vez instalado, cortas la transmisión de temperatura drásticamente y habrás conseguido aislar las ventanas del frío sellando esos pequeños huecos olvidados.
Un fin de semana para ganar confort
Como ves, no es necesario meterse en obras inmensas ni hacer gastos elevados para ganar confort en casa. Con controlar y arreglar cosas sencillas se puede ganar mucha calidad de vida. Revisar las juntas, ajustar la presión de los herrajes y forrar los cajones de persiana son tres tareas que se pueden realizar en una sola mañana de sábado, y por tu cuenta.
La diferencia se nota al instante; la calefacción trabaja menos para mantener la temperatura y desaparece esa sensación de «pies fríos al acercarse a la ventana».

